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(1/20) El post de apertura: por qué escribir aquí

El primero de, espero, veinte textos sobre mi vida como profesor

Hace algunos años salió en este sitio web un escalafón de los profesores más difíciles de matemáticas de los Andes y quedé segundo. En su momento escribí en mi blog personal un texto al respecto, hablando de la noción del "profesor difícil", que pueden ver en El profesor “difícil” (svbtle.com). Como consecuencia establecí un diálogo con el creador del sitio -Fabio- que resultó bastante interesante y entretenido.

Bueno, ahora en la virtualidad mis calificaciones han cambiado, en su mayoría, de "difícil" a "grosero". Y debo decir que parcialmente lo entiendo, o al menos no me sorprende tanto, de hecho para ser honesto me resulta más sorprendente encontrar calificaciones positivas, en gran parte por la motivación intrínseca que tiene dejar calificaciones en un sitio voluntariamente.

Eso no tendría mayor importancia pero, además de querer dejar un poco de lo que veo inicialmente (y que seguramente muchos buscarán después), me resultó curioso que al abrir espacio para publicación de "posts", Fabio me escribió proponiéndome publicar cosas aquí. Y lo digo porque no sé cuál sea la reacción de los usuarios al ver publicaciones de alguien que se ha tornado en blanco de tantas críticas, tan viscerales además (por ejemplo, la única anti-recomendación con nombre propio en esta pregunta ¿Con quién me recomiendan ver cálculo diferencial, física 1 y física experimental 1? | Los Estudiantes al menos hasta el momento de publicar esto). Así que le dije a Fabio que no, porque no quiero que mis escritos (y con ellos, de alguna forma, mi presencia) afecten su proyecto, pero después de pensarlo mucho decidí hacerlo. Y quiero explicar por qué lo hago, así que dejaré este primer texto como presentación y "justificación", si es que tal cosa existe.

Mi nombre es Oscar Bernal, soy uniandino de pregrado y maestría, código 19991 -mis estudiantes lo saben completo, porque siempre lo uso en algún ejemplo en los cursos- así que llevo la Universidad en la hoja de vida y en toda mi esencia académica. Mi primera experiencia como profesor de un grupo fue en una forma de educación que podría llamarse no-formal, fui entrenador de las Olimpiadas Colombianas de Matemáticas desde 1998, cuando no había aún entrado a la Universidad; la primera experiencia formal como profesor me la dio la Universidad como parte de las prácticas dentro de la carrera de Matemáticas, fui profesor de un curso propio de Cálculo Diferencial cuando todavía estaba en pregrado, empezando ese curso en agosto 2001. Así que, primera razón para escribir, estoy al borde de cumplir 20 años de haber dado mi primera clase universitaria formal -es decir, sin contar monitorías y esas cosas- y bueno, algo había que hacer para conmemorarlo.

Creo en el poder transformador de la educación, pero no en el utópico de la transformación de la sociedad de un día para otro cuando todas las personas tengan acceso a educación, ese no. Creo que la educación puede transformar a las personas, y que luego las personas que hayan sido transformadas positivamente podrán aportar algo para mejorar la sociedad, así, paso a paso y de a pocos. Pero creer en el poder transformador de la educación también implica creer en dos cosas que a muchos les resultan incómodas: 1) creo que la educación debe, nivel a nivel, esperar y atender a las personas transformadas, y 2) creo que la educación no se trata de aprobar materias o de obtener un título. Y quiero aclarar estas dos cosas, porque han sido parte fundamental de mis choques con algunos de mis estudiantes y, en los pocos casos en los que dichos estudiantes han hablado conmigo de sus incomodidades, material esencial de aclaración.

  1. Los estudiantes transformados. Creo, con total convicción, que la Universidad debe ser un espacio en el que los estudiantes, desde el primer día, son tratados como personas adultas que ya pasaron la etapa escolar y la superaron, que necesitan y están listos para una formación en la que su rol es mucho más activo y su responsabilidad es protagonista de dicha educación. En ese sentido, creo esencial que los estudiantes universitarios, desde que ingresan a la Universidad, sean enfrentados, en forma abierta, directa, explícita, con esa responsabilidad y con las consecuencias que tiene: el estudiante universitario debe proveer las bases de su propio aprendizaje -leer, consultar, informarse- y debe aprovechar al profesor como una herramienta que complemente y ayude a encontrar posibles errores en su comprensión para corregirlos; especialmente, al estudiante universitario NO debe permitírsele el lujo de considerar aprobado un curso en el que se limitó a recibir información en los limitados espacios de clase.

  2. Aprobar y educarse son cosas diferentes. Sin entrar en temas más profundos y escabrosos como el fraude, que tanto se ha generalizado en la virtualidad, es importante decir que las calificaciones NO deberían ser el objetivo de la educación. Confesión de profesor: es imposible medir el aprendizaje, al menos lo que debería ser en la forma más completa el aprendizaje. Así que las calificaciones y el aprendizaje son diferentes, las calificaciones son un requisito de las instituciones como certificadoras de algunas capacidades, el aprendizaje es el desarrollo de habilidades a mediano y largo plazo. Y, aunque todos entendemos el valor de aprobar y de obtener un título, deberíamos también entender que tener un título no implica haber aprendido -al menos no lo que ese título debería representar- pero que en condiciones ideales el aprendizaje debería permitir aprobar las limitadas evaluaciones que se pueden realizar en un periodo tan corto como un semestre o peor aún un vacacional. Así, el objetivo de la Universidad y en especial de los profesores debería ser el aprendizaje de los estudiantes, no que estos aprueben los cursos (cuidado, estoy diciendo que el objetivo no debería ser, cosa muy diferente a decir que el objetivo debería ser que no: un profesor no debe tomar como centro de su labor la calificación, pero llega al grado de negativo y arbitrario que tome como objetivo personal que sus estudiantes no aprueben).

Y bueno, con esas dos cosas en mente (y algún otro par que las complementan y las orientan) defino mi estilo para muchas cosas que tienen que ver con educación, entre ellas qué tan directo y frontal soy con las respuestas a mis estudiantes, respuestas que en presencialidad pasaban por secas pero que en virtualidad pueden haber llegado a sentirse ofensivas en algunas situaciones. Y vuelvo a esto porque también es parte de lo que quiero decir en esta serie de escritos, lo que entiendo de la educación después de 20 años de estar formalmente a cargo de cursos, después de 20 años de tener la responsabilidad de decidir si alguien aprueba o no un curso.

Pero creo que lo más importante de mi razón para escribir esta serie de publicaciones es que creo que el sistema universitario en general está horriblemente perturbado y, con el respeto que me merece la iniciativa de "Los Estudiantes", creo que sitios como este son una buena parte del problema. Así que, llevando a justas proporciones las palabras de Sideshow Bob en The Simpsons, entiendo la ironía de escribir en un medio para hablar de lo que me parece malo de él, pero dejemos de lado ese pequeño asunto.

Para mí una de las principales fallas del sistema universitario, al menos del sistema moderno, es la necesidad que tienen las instituciones por tratar a los estudiantes como clientes y buscar su satisfacción, priorizando esa satisfacción por encima de la labor educativa que la sociedad le ha encomendado al sistema de Educación Superior. El aprendizaje, entendido como un objetivo a mediano y largo plazo, no necesariamente genera gran satisfacción en el proceso, pero el objetivo es superior a eso; por ejemplo, cuando los infantes aprenden a caminar, el proceso está lleno de caídas/raspones/llanto/dolor con algunas satisfacciones intermedias, pero el objetivo es superior y para la vida de ese momento del infante es larguísimo plazo, es poder caminar, eventualmente. Y bueno, cuando la Educación Superior prioriza la satisfacción, lo hace porque es la forma más directa de lograr lo que realmente quiere lograr, que no es exactamente educación: como hablamos con Fabio tiempo atrás, las universidades lo que quieren es contratar doctores no porque sean buenos educadores o personas idóneas para formar, lo hacen porque están formados para publicar artículos y esos artículos representan números positivos en los escalafones de universidades; de esta forma, las universidades priorizan la satisfacción de los estudiantes porque esto implica más estudiantes hablando mejor de la universidad y eso significa más recursos -esto no es muy diferente entre públicas y privadas, por favor no intenten leer "recursos" como una crítica exclusiva a las privadas porque no lo es- que se usan para contratar más profesores con más títulos pagando sueldos más altos y bonificando las publicaciones, todo para satisfacer el ego de la institución reflejado en los escalafones. Y bueno, la satisfacción inmediata de los estudiantes como clientes pasa, en muchos casos, por exámenes fáciles, notas altas, poca exigencia y muchas otras cosas no conducentes a formas de aprendizaje pero sí a titulaciones y hojas de vida con esteroides.

Cierro diciendo entonces que yo como profesor voy por la meta a largo plazo, por el estudiante que en mi curso se ve obligado a desarrollar métodos de estudio que le permitan ir más allá de memorizar para los exámenes, ese que debe acostumbrarse a conseguir la información en las fuentes en las que está ya disponible de forma que use la interacción con sus profesores para encaminar su aprendizaje y no para limitarlo solo a lo que suceda en esas cortas reuniones, el estudiante que encuentra la necesidad -aunque muchas veces forzada y poco amable- de ir a los conceptos y a la comprensión profunda. Y que, con esa misma idea de mi meta a largo plazo en la vida de estudiantes con los que difícilmente tengo más de cuatro meses de contacto, es que escribo esto, lo hago porque espero que estos veinte escritos -si me alcanza la gasolina para tanto- que serán entonces veinte semanas intentando publicar entre lunes y martes cada vez, sirvan para que los pocos o muchos que los lean se cuestionen el significado de su educación en el largo plazo.

Si llegaron hasta aquí, un poco largo el asunto, gracias por leer. Intentaré que el texto 2/20 aparezca a tiempo, y de ahí en adelante. Lamento la redacción algo compleja, muchas ideas y pocas ganas de poner filtro: explícito y directo ante todo.

Comentarios:

  • Yo vi precálculo con Oscar en 2017. Para mi él fue un gran profesor, las clases eran interesantes y explicaba muy bien (me dejó bien preparado para Mate1, saqué notas altas en los primeros parciales gracias a él). Y respecto a lo de que es "grosero"...no estoy de acuerdo; a mi no me pareció nada grosero en las clases, incluso ahora recuerdo que él nos regaló donas a todo el grupo cuando salimos del parcial final. No me arrepiento para nada de ver clases con Oscar (me arrepentería más bien si no lo hubiese hecho). Saludos
  • Gracias por el apoyo. Yo creo que en virtualidad cambiaron muchas cosas, tanto del trato como de las expectativas, que pudieron haberse sentido agresivas de mi parte hacia los estudiantes; por eso digo que incluso entiendo el malestar, aunque siendo sincero me parece que "grosero" es una calificación inadecuada y que se puede estar utilizando con el fin de agredir. Pero en fin... volviendo a respuesta al mensaje, me alegra que sienta que el curso lo preparó adecuadamente, al menos en términos del curso siguiente; como he dicho varias veces para mí el aprendizaje y la educación son mucho más importantes que la calificación del curso, así que me parece excelente que lo aprendido le haya sido útil más allá que solo aprobar en el curso conmigo. Saludos
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